Camuflaje, un dolor invisible.

Experiencias

Camuflaje, un dolor invisible.

Camuflaje: Un Dolor Invisible.

Por Ailyn Falk Aliaga.

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Camuflaje… Esta palabra quiere decir ocultar o disimular algo para que no sea visto.

Las mujeres autistas experimentamos un camuflaje social… Sí, nos camuflamos al igual que un camaleón, ocultamos nuestra verdadera persona a la sociedad, todo a través de un enmascaramiento para poder sentirnos partes de un grupo.

Una máscara que “nos ayuda” a vernos como el resto, pero que no hace más que absorber nuestra energía, salud mental y física, pues el camuflaje requiere un esfuerzo constante de parte de las chicas autistas y esto causa un gran dolor, pero no es un dolor físico.

El tratar de encajar puede llegar a un agotamiento tal, que nosotras podemos empezar a sufrir de ansiedad, depresión, frustración, angustia, entre otras muchas sensaciones negativas que hace que nuestra alma nos duela.

En ocasiones me pregunto: ¿Por qué para poder ser parte de un grupo, debemos ser iguales a ellos? ¿Porque para ellos el ser yo misma es extraño?

Soy diferente. ¿Acaso no es que todos somos diferentes?

Camuflarse para poder encajar.

Si… Conozco muy bien esa experiencia y las sensaciones que evoca.
Cuando estaba en la escuela siendo adolescente me sentía muy sola, estaba en esa etapa en que quería hacer amigas y pertenecer a un grupo, pero no entendía las reglas sociales, para mí eran confusas.

Por ejemplo: ¿Por qué debía maquillar la verdad para que no sonara fuerte, si era la verdad?

Durante ese período traté de encajar con las chicas de mi edad, intenté interesarme en sus gustos, preguntarles, enterarme de las cosas, compartir de algún modo con ellas.

Aunque en el fondo su mundo me parecía frívolo y de poca relevancia. No entendía por qué se interesaban en los chicos, el maquillaje, los cantantes, entre otras cosas.

Lo intenté por bastante tiempo (más del que me hubiese gustado), traté de encajar con ellas y su mundo, pero aun así mi esfuerzo y tiempo dedicado, todo ese “interés de mi parte” nunca rindió frutos.

¿Por qué?

Porque no era recíproco, yo trataba de encajar con ellas, pero estas chicas no buscaban que yo encajara, sencillamente yo no era el tipo de chica que querían como amiga.

Y la verdad es que tampoco me sentía cómoda con ellas, porque estaba tratando de encajar en un mundo que no era el mío.

Finalmente me agoté, mi paciencia había llegado a su límite, me quité esa máscara que traía y decidí no usarla de nuevo. No tenía por qué hacerlo, ya no quería intentar ser ellas, QUERÍA SER YO MISMA, aunque en ese momento yo desconocía mi diagnóstico.

Con esta decisión, mis visitas a la biblioteca empezaron a ser habituales, los libros no te critican, no te juzgan, no te miran raro. Es más, parecía que me estaban esperando. Me refugié en ellos y sin duda fue lo mejor que pude hacer a esa edad. No me arrepiento, en ese lugar era yo misma, una chica que prefería leer e imaginar historias con sus personajes favoritos de videojuegos y series de anime, mientras escuchaba música, por supuesto, de mi gusto.

Sin embargo, mi experiencia con el camuflaje no terminó en la escuela.

Durante mi período universitario sufrí una fuerte y abierta discriminación por dar a conocer mi condición, algo a lo que jamás me había enfrentado y que nunca pensé vivir en un lugar donde se supone que la diversidad y el saber conviven, pero no fue así.

Ese tiempo fue muy difícil y triste, llegué a pensar que para poder encajar “tendría que nacer de nuevo o esconderme para siempre”.

Lo primero era obviamente imposible y lo segundo, era algo que no estaba dispuesta a seguir haciendo, esa sensación ya la había vivido tiempo atrás y sabía que era dolorosa.

No quise seguir escondida del resto, no tenía por qué hacerlo, quería mostrarme ante el mundo. Soy autista y tengo talentos, habilidades y dificultades al igual que todos.

Después de mucho reflexionar tomé la decisión de ser yo misma. Eso es lo que una debiese ser. Ser uno mismo. No buscar encajar con los demás solo por aceptación. Que nos gusten cosas distintas al común de las chicas solo significa ser diferentes.

Está científicamente comprobado que todo cerebro es diferente, no existe un estereotipo para el cerebro de las personas, es por esto que todos pensamos y sentimos de manera distinta y única. También se sabe que el cerebro de la mujer y el del hombre son distintos, las mujeres tendemos a ser más sociales y verbales lo cual hace que pasemos más desapercibidas en la condición de autismo, tendemos a imitar las conductas que vemos en las otras chicas, esto también contribuye al camuflaje y al diagnóstico tardío.

He comentado que conocí mi diagnóstico a los 17 años. Durante mucho tiempo estuvimos en “tierra de nadie” junto a mis padres. En esa etapa pasamos por psicólogos, psiquiatras y neurólogos, pero ninguno tenía un diagnóstico seguro, o no querían arriesgarse a dar uno en ese tiempo. Incluso me dieron diagnósticos erróneos como ansiedad de separación. También por mucho tiempo responsabilizaron a mis padres por mis comportamientos, decían que mi madre era muy sobre protectora conmigo y que mi padre era muy distante. Mi madre solamente actuaba como lo haría una madre preocupada que quiere entender qué le sucede a su hija. Durante esa fase de “tierra de nadie” ella fue mi principal terapeuta. Observando mi comportamiento y haciendo sus propias investigaciones, pudo ayudarme en esos momentos que no teníamos ayuda.
Por otro lado, mi padre jamás ha sido alguien distante conmigo, siempre ha sido muy cariñoso y cercano. Incluso hasta hoy, es él quien me ayuda en el ámbito académico cuando no entiendo algo, me explica y se da el tiempo para enseñarme lo que no estoy comprendiendo.

Mis padres han sido mi principal apoyo.

Otro de los puntos que solo hizo retrasar mi diagnóstico fue precisamente el poco o nulo conocimiento de la condición.

Cuando estuvimos buscando respuestas de lo que me pasaba, se tenía un estereotipo muy marcado respecto al autismo, se veía como algo que afectaba más que nada a niños.

En la escuela era una chica de buen rendimiento académico, obedecía a mis profesores y las reglas impuestas, simplemente pasaba por una niña tímida, callada y muy tranquila lo cual no despertaba sospechas en nadie.

El que nadie se quisiera arriesgar a dar un diagnóstico y el poco conocimiento de la condición, fueron parte de las variables que incidieron en recibir un diagnóstico tardío.

Por eso es tan importante el conocimiento de la condición de autismo y comprender qué es distinto para cada persona, ya que ninguna persona autista es igual a otra.

El desconocimiento de que el autismo tiene más de una faceta, hizo que los profesionales de esa época no quisieran arriesgarse a dar un diagnóstico claro conmigo y esto solo logró un retraso en muchos ámbitos, incluso en mis terapias.

De hecho, la mayoría de mis terapias comencé a tomarlas en la universidad cuando ya conocía mi condición.

Es impresionante lo mucho que se puede ayudar a alguien solo conociendo un poco más de su condición. Teniendo más conocimiento sobre autismo y sabiendo que se presenta de forma diferente en cada persona, se evitan no solo los diagnósticos tardíos, sino también verse en la necesidad de usar una “máscara” para camuflarse y tratar de ser parte de esta sociedad que por lo general no entendemos.

En lo personal, aun a veces necesito que me expliquen aspectos de esta vida, sé que nunca la llegaré a entender por completo, pero teniendo gente a mi lado que empatiza conmigo hace que sea más fácil y entendible.

No quiero camuflarme más.

No quiero ocultarme más, quiero ser yo misma.

El camuflaje duele y mucho. Y aquí puedo hacer otras preguntas: ¿Nos camuflamos para poder encajar en el ambiente? ¿O podemos cambiar el ambiente para hacerlo más inclusivo para todos? ¿Qué es más ético y justo?